Author Archives: Laudato Si'

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Elogio a Laudato Si’

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D. Ildefonso Fernández-Fígares Vicioso

La creación nos llama la atención y a la atención. Sería cerca de cumplir su primer año de vida cuando uno de mis sobrinos, a quien sostenía y medio jugueteaba en brazos, de repente elevó su cabeza y fijó su mirada hacia lo alto… cosas de niños, pensé. En un primer momento no le di mayor importancia… cosas de adultos, pensaría él. Sin embargo, pasaron algo así como un par de minutos—una eternidad en el tiempo pueril—y seguía fijamente mirando. Entonces sí, abajé mi razón y elevé mi corazón; lo elevé hacia donde miraba él y, con él, pudimos volar. Entonces sí, vi y miré; miré las altas copas de un conjunto de esbeltos y frondosos álamos contorneándose rítmicamente a merced de su amigo el viento.

Entonces sí, oí y escuché; escuché el aplauso corporal de miles de hojas enramadas que querían vencer la ruidosa y solitaria sordera de nuestras almas. Entonces sí, contemplé y oré; oré la oración que aquel trocito de creación, encajonada sobre el asfalto y la estrechez de aquella calle urbana, pero abriéndose paso, como en carne viva, por encima de la dura piel de los edificios, elevaba a Dios una alabanza que sólo los niños y aquellos que se hacen como niños (Mt 18, 3) perciben y participan. Aquellos árboles repletos de hojas que bailaban, al son del viento, el vals de la vida y dejaban pasar juguetonamente la luz del sol, llamó la atención de mi sobrino y, a través suya, me llamaron a la atención, a que prestase atención. Aquello que me sucedió es lo que Laudato si’ aspira a ser para todos aquellos que se acerquen a este documento eclesial con el corazón y la mente abiertos, sin prejuicios: un despertar, desde la vida del mundo y los hombres que nos rodean, a la Vida de Dios. 

Hace hoy cinco años que el Papa Francisco, y con él toda la Iglesia, poniendo su mirada en la creación que Dios nos ha regalado para que la disfrutemos, dispongamos, y custodiemos, nos invitaba con su encíclica Laudato si’ a que elevásemos nuestros corazones a Dios. Para esto, el hombre moderno necesita abajar su dura y excesivamente autónoma razón y recuperar la santa y sana humildad (LS, 224); aquella que es capaz de elevarlo, con la ayuda de la gracia de Dios, al fin para el que ha sido creado y del que la creación misteriosamente nos habla. No es por tanto un documento ecologista si por ecologismo entendemos una comprensión meramente material e inmanente del mundo. Es un escrito sobre Dios y sobre el hombre donde la cuestión ecológica aparece como puente y vínculo entre ambos—como lugar teofánico por excelencia. Porque la creación habla del Creador, su gramática es divina, y a través de ella percibimos algo de la trascendencia que empapa toda la realidad, sentimos algo de la belleza, de la verdad, y de la bondad de Dios.

Como toda palabra que la Iglesia dirige al mundo, Laudato si es un documento eminentemente kerygmático, de naturaleza social y evangelizadora pues, a través del evangelio de la creación, también Dios se revela a la humanidad como el Dios providente y misericordioso que, devolviéndonos a la comunión con el orden creado, quiere hacernos partícipes de su ser. En cierto modo, la expectación de la propia creación que “está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8, 19) anuncia la Buena Noticia de Cristo Resucitado quien haciendo todas las cosas nuevas—Él es el evangelio de la re-creación—nos llama a la conversión para que, estando atentos y llenos de asombro por el mundo que nos rodea, creamos en Él y acojamos el don de Dios; y así, transformados, lo hagamos vida en nosotros, lo hagamos tarea y servicio que construya el reino de Dios entre nosotros.

Feliz quinto aniversario de Laudato si’ a todos.

D. Ildefonso Fernández-Fígares Vicioso es Vicerrector del Seminario Mayor «San Cecilio» y profesor de Doctrina Social de la Iglesia y Antropología Teológica en el Instituto de Teología «Lumen Gentium». Es también miembro fundador el Instituto Laudato Si’.


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Nuevos estilos de vida

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Bill Patenaude

En la medida que nuestro mundo va frenando y reflexionando sobre los valores y fundamentos de la vida, descubrimos lo que nuestros pontífices han estado pidiendo.

(To read this post in English, click here)

Urbi et Orbi, 27 de marzo de 2020

«La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas ‘salvadoras’, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad».
– Papa Francisco, Momento Extraordinario de Oración en Tiempos de Epidemia, Urbi et Orbi, 27 de marzo de 2020

Al escuchar al Santo Padre durante este momento impactante y realmente histórico en la Plaza de San Pedro, no pude evitar recordar estas palabras de su predecesor:

«Es necesario un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar nuevos estilos de vida, “a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, del ahorro y de las inversiones”».

Benedicto XVI escribió estas palabras en 2009 en su encíclica Caritas in Veritate, citando la encíclica de San Juan Pablo II Centesimus Annus del 1991. Esta visión y esas encíclicas, y otras, fueron fundamentales para las enseñanzas del Papa Francisco acerca del medio ambiente —especialmente para su encíclica Laudato Si’ del 2015 y han culminado en el extraordinario mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre, dado al mundo desde la Plaza de San Pedro vacía, bajo la lluvia, en un atardecer oscuro de un viernes de cuaresma.

Esta correspondencia entre enseñanzas papales no debería ser sorpresa (aunque desgraciadamente, para muchos, lo es). A fin de cuentas, la correspondencia entre las enseñanzas católicas mismas se deriva del Evangelio de la vida, que nos ha sido revelada por el único Dios verdadero.

Hasta hace poco, tales exhortaciones, dadas una y otra vez por el Papa Francisco y sus predecesores, no han tenido mucha influencia. Aparte del gran esfuerzo de tantos católicos, en especial los heroicos promotores del medio ambiente en la Iglesia, el concepto de «nuevos estilos de vida», en gran parte, no se ha probado—como si fuera una exquisitez intelectual que pudiéramos alentar pero nunca lograr.

Pues, esto ha cambiado.

En cuestión de meses, semanas, e incluso días, la propagación del coronavirus ha cambiado estilos de vida a escala mundial. La enfermedad ha infiltrado los pobres y los ricos, jóvenes y ancianos, creyentes y no creyentes. Y si las proyecciones son acertadas, veremos una necesidad de evitar aglomeraciones por un tiempo no menor; de refugiarse en el casa; de distanciarnos de los demás para proteger a los desconocidos, para proteger a los más vulnerables.

Todo esto ya ha empezado a cambiar la manera en que vemos las cosas. Mientras hemos visto una buena cantidad de miedo y egocentrismo ante el COVID-19, también hemos visto una cantidad de sacrificio y compromiso notables—por parte de los profesionales sanitarios, los servicios de emergencia, los trabajadores de servicios públicos, el personal de los supermercados, camioneros, periodistas, familias, amigos y desconocidos. Muchos hemos tomado consciencia, quizás por primera vez, del concepto de la cadena de producción—de personas en otro lugar que cultivan y elaboran las cosas que necesitamos para sobrevivir.

En nuestros hogares, ahora hacemos pan. Estamos llamando por teléfono, no simplemente mandando mensajes. Estamos aprendiendo el valor de la frugalidad y la costura y dando un paseo en familia.

Como ha dicho el Papa Francisco, «Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos».

El abandono forzado de nuestros anteriores modos de vida nos está enseñando los fundamentos de los estilos de vida conocidos y apreciados por la generación de mis padres y todas las generaciones que la procedieron. Al fin y al cabo, mucho de este reaprendizaje—de la simplicidad y las relaciones—será un bien para el mundo y sus ecosistemas.

Algunas llegan a llamarlo el lado bueno de la crisis.

Pero ahora no es tiempo para decir tales cosas. Cuando tantos están sufriendo mientras escribo estas palabras, o están muriendo solos, es una equivocación celebrar victorias medioambientales percibidas, como se puede ver en este dibujo que ha circulado en las redes sociales.

Francamente, esta clase de apreciaciones es antihumana. En verdad, es antidivino.

Naturalmente, el Papa Francisco nos lo ha dejado todo claro.

«Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”».

Lo que estamos experimentando — y experimentaremos — en este mar tempestuoso nos enseñará tres cosas, cosas que las catástrofes suelen hacernos recordar como humanidad.

La primera es la humildad. La segunda es el valor de la vida y las relaciones. Y la tercera, relacionada con las dos primeras, es la vanidad total del estilo de vida de consumir y desechar.

Habrá un tiempo para hablar más expecificamente de la ecología, para reflejar en estilos de vida nuevos y posiblemente alegrarnos con nuevas formas de buscar la paz; formas que beneficiarán nuestro hogar común, local y global.

Pero ahora no es el momento.

Como el Papa Francisco nos recuerda, ahora debemos rezar y ayunar y dirigirnos al Señor para decir, “Aquí estoy, Señor. Déjame ayudar.”

Pero ¿que significa esto de verdad? ¿Qué aspecto tiene esta ayuda adecuada en este tiempo oscuro?

Más allá de la ayuda física que todos podemos dar — compartir la comida, hacer encargos, y cosas así — y más allá de la ayuda brindada por las vocaciones particulares, reflexionamos juntos en las palabras de otra encíclica de Benedicto XVI — palabras que parecen haber profetizado el pontificado mismo del Papa Francisco.

«De este modo se ve que es posible el amor al prójimo en el sentido enunciado por la Biblia, por Jesús. Consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. Más allá de la apariencia exterior del otro descubro su anhelo interior de un gesto de amor, de atención, que no le hago llegar solamente a través de las organizaciones encargadas de ello, y aceptándolo tal vez por exigencias políticas. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita.» Deus Caritas Est, 18

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el blog “Catholic Ecology” el 28 de marzo de 2020.


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Educación Ambiental

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Compartimos con vosotros la reflexión que ha hecho Carlos Jerez, profesor del Departamento de Ciencias del Centro de Magisterio La Inmaculada, en Granada, sobre un Curso de Formación de Educadores Ambientales, que lo animamos a hacer en nombre del Instituto Laudato si.

El pasado mes de marzo se celebró en Granada la XIV edición del curso de formación de Educadores Ambientales, del que tuve la oportunidad de participar gracias al Instituto Luadato si. El curso, organizado e impartido por la Asociación Española de Educación Ambiental (AE-EA), se desarrolló durante tres intensos fines de semana en los que los participantes pudimos realizar una auténtica inmersión en el mundo de la Educación Ambiental. Se desarrollaron tanto contenidos teóricos como prácticos, con una metodología activa y participativa que en gran medida facilitó la integración de los diferentes conceptos por parte de los asistentes.
Los temas ambientales no tienen costumbre de dejar indiferente a nadie. De hecho, no es difícil encontrar en la sociedad actual personas que consideran que las diferentes noticias relacionadas con el cambio climático responden sencillamente a mensajes alarmistas lanzados por científicos extremistas, políticos con impuros intereses o grandes empresas que esperan hacer negocio con la «cultura de lo verde». La realidad es que las diferentes acciones humanas tienen consecuencias, esperemos que reversibles, sobre el medio ambiente y el clima. La clave reside en la sostenibilidad de los diferentes sistemas de producción, de los medios de transporte, de la explotación de recursos, de eliminación de desechos, etc., en definitiva, de los hábitos de vida de cada uno de nosotros. Cuando uno bucea un poco en las diferentes redes que funcionan para producir y repartir energía, alimentos y otra serie de bienes materiales, resulta evidente la interconexión entre los grandes problemas medioambientales y nuestros hábitos cotidianos. La Educación Ambiental en este sentido tiene mucho que decir. En este sentido, las personas que tenemos la suerte de poder dedicarnos a la docencia tenemos tanto el deber como la responsabilidad de hacer en nuestras clases Educación Ambiental con mayúsculas. Cada docente, desde su área específica de conocimiento tiene en su mano la capacidad de concienciar a cientos de agentes ambientales en unos pocos años de servicio. Aquellos que tenemos además en nuestras aulas a los futuros docentes del mañana, tenemos que ser conscientes de que los frutos de nuestro trabajo se multiplicarán exponencialmente en un tiempo récord, aunque sea de manera indirecta, en la medida en la que consigamos llegar tanto al corazón como al intelecto de nuestros discentes. Sólo de esta manera podemos crear auténticos educadores ambientales que en el futuro cercano transmitan a los jóvenes la importancia de cuidar y respetar esta «casa común» que generosamente nos acoge a todos.
Tras finalizar el curso, me surgen numerosas ideas que tratan de salir a empujones de mi cabeza para materializarse en proyectos que desarrollar con la ayuda y la colaboración de todo el que quiera sumarse. Tenemos por delante la oportunidad de construir la sociedad del futuro, de trabajar hoy los valores de los ciudadanos del mañana. De nosotros depende, que esos valores estén más o menos inclinados hacia la sostenibilidad, el respeto por el medio ambiente y el cuidado de nuestra «casa común».


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MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA ORACIÓN: El Papa opina que la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas nos ayuda a relacionarnos con el medio ambiente

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La Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó ayer el texto del Mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración, fecha que recuerda la importancia de este tema explicado también en la Carta Encílica «Laudato si’» sobre el cuidado de la casa común.

(InfoCatólica)  Mensaje para la Jornada Mundial de la Oración del año 2019

«Dios vio que era bueno» (Gn 1,25). La mirada de Dios, al comienzo de la Biblia, se fija suavemente en la creación. Desde la tierra para habitar hasta las aguas que alimentan la vida, desde los árboles que dan fruto hasta los animales que pueblan la casa común, todo es hermoso a los ojos de Dios, quien ofrece al hombre la creación como un precioso regalo para custodiar.

Trágicamente, la respuesta humana a ese regalo ha sido marcada por el pecado, por la barrera en su propia autonomía, por la codicia de poseer y explotar. Egoísmos e intereses han hecho de la creación –lugar de encuentro e intercambio–, un teatro de rivalidad y enfrentamientos. Así, el mismo ambiente ha sido puesto en peligro, algo bueno a los ojos de Dios se ha convertido en algo explotable en manos humanas. La degradación ha aumentado en las últimas décadas: la contaminación constante, el uso incesante de combustibles fósiles, la intensiva explotación agrícola, la práctica de arrasar los bosques están elevando las temperaturas globales a niveles alarmantes. El aumento en la intensidad y frecuencia de fenómenos climáticos extremos y la desertificación del suelo están poniendo a dura prueba a los más vulnerables entre nosotros. El derretimiento de los glaciares, la escasez de agua, el descuido de las cuencas y la considerable presencia de plásticos y microplásticos en los océanos son hechos igualmente preocupantes, que confirman la urgencia de intervenciones que no pueden posponerse más. Hemos creado una emergencia climática que amenaza seriamente la naturaleza y la vida, incluida la nuestra.

En la raíz, hemos olvidado quiénes somos: criaturas a imagen de Dios (cf. Gn 1,27), llamadas a vivir como hermanos y hermanas en la misma casa común. No fuimos creados para ser individuos que mangonean; fuimos pensados y deseados en el centro de una red de vida compuesta por millones de especies unidas amorosamente por nuestro Creador. Es la hora de redescubrir nuestra vocación como hijos de Dios, hermanos entre nosotros, custodios de la creación. Es el momento de arrepentirse y convertirse, de volver a las raíces: somos las criaturas predilectas de Dios, quien en su bondad nos llama a amar la vida y vivirla en comunión, conectados con la creación.

Por lo tanto, insto a los fieles a que se dediquen en este tiempo a la oración, que a partir de una oportuna iniciativa nacida en el ámbito ecuménico se ha configurado como Tiempo de la creación: un período de oración y acción más intensas en beneficio de la casa común que se abre hoy, 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, y finalizará el 4 de octubre, en memoria de san Francisco de Asís. Es una ocasión para sentirnos aún más unidos con los hermanos y hermanas de las diferentes denominaciones cristianas. Pienso, de modo particular, en los fieles ortodoxos que llevan treinta años celebrando esta Jornada. Sintámonos también en profunda armonía con los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados juntos a promover, en el contexto de la crisis ecológica que afecta a todos, la protección de la red de la vida de la que formamos parte.

Este es el tiempo para habituarnos de nuevo a rezar inmersos en la naturaleza, donde la gratitud a Dios creador surge de manera espontánea. San Buenaventura, cantor de la sabiduría franciscana, decía que la creación es el primer «libro» que Dios abrió ante nuestros ojos, de modo que al admirar su variedad ordenada y hermosa fuéramos transportados a amar y alabar al Creador (cf. Breviloquium, II,5.11). En este libro, cada criatura se nos ha dado como una «palabra de Dios» (cf. Commentarius in librum Ecclesiastes, I,2). En el silencio y la oración podemos escuchar la voz sinfónica de la creación, que nos insta a salir de nuestras cerrazones autorreferenciales para redescubrirnos envueltos en la ternura del Padre y regocijarnos al compartir los dones recibidos. En este sentido, podemos decir que la creación, red de la vida, lugar de encuentro con el Señor y entre nosotros, es «la red social de Dios» (Audiencia con guías y scouts de Europa, 3 agosto 2019), que nos lleva a elevar una canción de alabanza cósmica al Creador,como enseña la Escritura: «Cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos» (Dn 3,76).

Este es el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre cómo nuestra elección diaria en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, uso del agua, de la energía y de tantos bienes materiales a menudo son imprudentes y perjudiciales. Nos estamos apoderando demasiado de la creación. ¡Elijamos cambiar, adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos! Es hora de abandonar la dependencia de los combustibles fósiles y emprender, de manera rápida y decisiva, transiciones hacia formas de energía limpia y economía sostenible y circular. Y no olvidemos escuchar a los pueblos indígenas, cuya sabiduría ancestral puede enseñarnos a vivir mejor la relación con el medio ambiente.

Este es el tiempo para emprender acciones proféticas. Muchos jóvenes están alzando la voz en todo el mundo, pidiendo decisiones valientes. Están decepcionados por tantas promesas incumplidas, por compromisos asumidos y descuidados por intereses y conveniencias partidistas. Los jóvenes nos recuerdan que la Tierra no es un bien para estropear, sino un legado que transmitir; esperar el mañana no es un hermoso sentimiento, sino una tarea que requiere acciones concretas hoy. A ellos debemos responder con la verdad, no con palabras vacías; hechos, no ilusiones.

Nuestras oraciones y llamamientos tienen como objetivo principal sensibilizar a los líderes políticos y civiles. Pienso de modo particular en los gobiernos que se reunirán en los próximos meses para renovar compromisos decisivos que orienten el planeta a la vida, en vez de conducirlo a la muerte. Vienen a mi mente las palabras que Moisés proclamó al pueblo como una especie de testamento espiritual antes de entrar en la Tierra prometida: «Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia» (Dt 30,19). Son palabras proféticas que podríamos adaptar a nosotros mismos y a la situación de nuestra Tierra. ¡Así que escojamos la vidaDigamos no a la avaricia del consumo y a los reclamos de omnipotencia, caminos de muerte; avancemos por sendas con visión de futuro, hechas de renuncias responsables hoy para garantizar perspectivas de vida mañana. No cedamos ante la lógica perversa de las ganancias fáciles, ¡pensemos en el futuro de todos!

En este sentido, la próxima Cumbre de las Naciones Unidas para la Acción Climática es de particular importancia, durante la cual los gobiernos tendrán la tarea de mostrar la voluntad política de acelerar drásticamente las medidas para alcanzar lo antes posible cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y contener el aumento medio de la temperatura global en 1,5°C frente a los niveles preindustriales, siguiendo los objetivos del Acuerdo de París. En el próximo mes de octubre, una asamblea especial del Sínodo de los Obispos estará dedicada a la Amazonia, cuya integridad está gravemente amenazada. ¡Aprovechemos estas oportunidades para responder al grito de los pobres y de la tierra!

Cada fiel cristiano, cada miembro de la familia humana puede contribuir a tejer, como un hilo sutil, pero único e indispensable, la red de la vida que abraza a todos. Sintámonos involucrados y responsables de cuidar la creación con la oración y el compromiso. Dios, «amigo de la vida» (Sb 11,26), nos dé la valentía para trabajar por el bien sin esperar que sean otros los que comiencen, ni que sea demasiado tarde.

Vaticano, 1 de septiembre de 2019

http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=35691

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El Instituto Laudato Si’ de Granada participó en un gran congreso en Roma

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El congreso que llevaba por título: “Conversión Ecological Radical  después del Laudato Si’: descubriendo el valor intrínseco de todas las criaturas, humanas y no humanas” tuvo lugar en el Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, del 7 al 8 de marzo de 2018. Estuvo patrocinado por las Embajadas de Georgia, Alemania y los Países Bajos ante la Santa Sede, y contaba con la colaboración de la Pontificia Universidad Gregoriana y el Diploma Conjunto en el Grupo de Ecología Integral de las Universidades Pontificias.

El congreso reunió a sacerdotes, religiosos, científicos y maestros para explorar las implicaciones para la Academia, la Iglesia y la Sociedad de las enseñanzas de Laudato Si’ sobre el valor intrínseco de todas las criaturas, y la necesidad de repensar la sociedad humana para respetarlas así como para respetar el orden natural de la Creación.

A través de presentaciones académicas y diálogos, la conferencia identificó formas en que la Iglesia puede, junto con otros socios, impulsar la transformación de la vida de las personas, comunidades, y naciones.

Aquí se pueden ver algunos de los discursos y materiales más destacados del congreso.
Ahora mismo se encuentren en inglés pero, dentro de poco, se podrán encontrar aquí en español.


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Entrevista con Pablo Martínez de Anguita sobre la iniciativa LandsCare

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En las VI Jornadas de Custodia del Territorio, Pablo Martínez de Anguita fue entrevistado sobre la innovadora iniciativa LandsCare.

Pablo cuenta como “después de 15 años trabajando en el pago por servicios ambientales en numerosos países me di cuenta que los agentes del territorio, incluidas las entidades de custodia, necesitan mucha más visibilidad. Con LandsCare, gracias a la labor de muchos voluntarios, estamos empezando a crear una red global que contribuirá a mejorar esa visibilidad. La gente viaja y no es consciente de lo que significa el paisaje ni de lo que hay detrás, de las personas que actúan como custodias y arquitectas del paisaje.”

LandsCare es plataforma de comunicación de la vida rural local a quienes viajan por dichos territorios, con el objetivo siempre de dar visibilidad a sus valores escénicos, de biodiversidad y culturales así como a aquellos que lo hacen posible. 

Se basa en el pago por servicios ambientales para facilitar la colaboración entre los viajeros y los habitantes rurales más comprometidos con la conservación.

Un sistema de pago por servicios ambientales es una herramienta que permite dar a los “custodios” visibilidad, pagos por su trabajo de conservación y posibilidades de generar ingresos adicionales por la interpretación de su territorio. LandsCare se puede utilizar con dispositivos móviles para la interpretación del paisaje del medio rural, pero a la vez pretende crear una red social para promover una sociedad civil más activa y comprometida con la conservación de la naturaleza y del patrimonio cultural.

Aquí os dejamos la entrevista y más información sobre ¿Qué es LandsCare?


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Nuevo libro: «Dimensiones éticas en los dilemas ambientales: estudio de casos»

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Mario Burgui y Emilio Chuvieco, desde la Cátedra de Ética Ambiental de la Universidad de Alcalá y la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, han publicado un importante libro sobre la ética en la resolución de conflictos ambientales. El libro se llama «Dimensiones éticas en los dilemas ambientales: estudio de casos» y ya está disponible al público.  Aquí te compartimos el texto ofrecido por los mismos autores en la contraportada del libro:

      Un dilema ético implica elegir entre alternativas que violentan determinados valores morales. Son problemas que admiten distintas respuestas, con elementos positivos y negativos. Hay muchos ámbitos en donde se plantean frecuentemente dilemas éticos: la biomedicina, el mundo empresarial, la política, etc. La gestión ambiental también tiene claras implicaciones éticas. Aunque sea imprescindible contar con los aspectos técnicos o científicos, resolver problemas ambientales requiere asimismo considerar esas dimensiones morales. De lo contrario, podríamos elegir alternativas social y ambientalmente poco adecuadas, que favorezcan objetivos de corto alcance.
      Este libro ofrece el método del caso como herramienta didáctica para plantear alternativas a los dilemas ambientales que incluyan una consideración más integral de los factores en juego. Hemos ilustrado este enfoque con 14 conflictos que han tenido lugar en España a lo largo de las últimas décadas.
       Analizar casos es una herramienta didáctica de gran interés para facilitar la reflexión y la argumentación, contrastar los propios valores con los de otras personas, tener en cuenta distintos puntos de vista, o desarrollar la creatividad y el trabajo en grupo. Por ello, este texto se propone también como manual de apoyo a una asignatura de ética ambiental, cada vez más imprescindible en la formación de todos los profesionales que trabajan activamente en la gestión del territorio.

Para otros libros recomendados por el Instituto Laudato Si’, haz clic aquí.


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Nueva Entrevista con nuestro Secretario General

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CatholicEcology.net es un blog basado en Rhode Island, EEUU que publica artículos y noticias relacionadas con la fe católica y
el medio ambiente. Comentarios científicos, teológicos y las últimas noticas de la ecología dentro y fuera de la Iglesia están entre las típicas posts de este blog.

Hace poco publicaron una entrevista con nuestro secretario general, Michael Taylor. En la misma, Taylor describe tanto la génesis y razón de ser del Instituto como su visión hacia el futuro. También habla de su nuevo libro, los proyectos actuales y futuros que tiene el Instituto, su alianza con Saint Joseph’s College of Maine, y cómo debemos acercarnos a la encíclica Laudato Si’.

Estamos traduciéndola ahora pero mientras os dejamos el enlace con la entrevista en inglés: https://catholicecology.net/blog/reconsidering-essence-and-foundation-reality

Aquí sigue la entrevista completa:


Catholic Ecology: Me parece que muchas de la respuestas a las enseñanzas de la Iglesia sobre la ecología se enfocan en aplicar y/o involucrar los sistemas mundiales del poder para lograr un cambio de políticas en los gobiernos y las salas de juntas. ¿Enfrenta las cosas de otra manera el Instituto Laudato Si’? ¿Cómo?

Michael Dominic Taylor: La encíclica Laudato Si’ es, en primer lugar, una encíclica social en la línea de Rerum Novarum y Pacem in Terris. Como el Papa San Juan XXIII, quién dirigió su encíclica “a todos los hombres de buena voluntad”, el Papa Francisco busca con Laudato Si’ “entrar en diálogo con todos” (LS, 3). Quizá a nuestra percepción humana, asuntos como la guerra nuclear inminente en los tiempos de Pacem in Terris y las crisis ecológicas actuales sólo pueden ser medidas por los poderes mundiales y no por una persona cualquiera. Sin embargo existe una unión mística de toda la humanidad en la cual la santificación de una sola persona verdaderamente santifica y mejora el mundo. De la misma manera, creemos que, mientras pasos políticos son necesarios y la tecnología también debe jugar un papel importante para prevenir el colapso de nuestras ecosistemas, existe una lucha dentro de cada uno de nosotros.

El mensaje de la Laudato Si’ contiene recomendaciones que sólo los poderes mundiales pueden implementar, pero también contiene un mensaje – más universal y más importante – de transformación espiritual. En su homilía inaugural el Papa Emérito Benedicto XVI dijo que “los desiertos externos del mundo están creciendo, porque los internos se han vuelto demasiado grandes”. El Papa Francisco ha hecho eco del llamado del Papa San Juan Pablo II a “una conversión ecológica” (LS, 5). Mientras nosotros, como Instituto, estamos dedicados a todos los aspectos – ecológicos, económicos, sociales, políticos, éticos – de las crisis actuales, entendemos que la relación entre el hombre y la naturaleza ha de dar testimonio a la armonía divina de todos los seres y estar basada en la custodia de todos.

La crisis ecológica es una crisis íntegra de lo humano que no tiene solución fácil. Debemos recordar las palabras de Cristo: “¿de qué le aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? (Mc 8,36). Comprendemos que cada uno de nosotros debe poner su grano de arena. Y el núcleo central de cada una de nuestras contribuciones es dejarnos transformar por Dios en hombres y mujeres nuevos. No vamos a resolver los problemas que hemos creado con nuestra actual manera de hacer política, economía y tecnología usando las mismas herramientas que nos han traído hasta aquí. Es precisamente la “deificación” de éstas la que generó los problemas.

Todos hemos de hacer nuestra parte según el máximo de nuestras capacidades, no para llegar a un nivel superior de bienestar mundano, si no para ser santos en nuestros esfuerzos a favor de un mundo mejor. La Iglesia siempre se ha preocupado por el estado del mundo pero principalmente en el sentido de estar preocupado por el bienestar, temporal y eterno, de cada persona. Esta es la visión que subyace la labor del Instituto.

Por eso, estamos trabajando donde creemos poder tener el mayor impacto en las vidas de las personas y las comunidades. Nuestros proyectos se desarrollan en una gran variedad de ámbitos: desde la exposición “Hermana Madre Tierra” (en las palabras de San Francisco) que presentó la visión de la Iglesia sobre la custodia de la creación; un huerto urbano detrás del seminario de la ciudad donde residentes pueden plantar sus propios cultivos con la ayuda de los seminaristas; nuestro certificado internacional on-line sobre la ecología integral en colaboración con la universidad de Saint Joseph en los estados unidos, hasta los proyectos de desarrollo en comunidades necesitadas de la sierra de Granada. Como suele decir el Arzobispo Monseñor Martínez, o simplemente “Don Javier” como prefiere él, la Iglesia se interesa por todo porque el cristianismo se trata de todo.

CE: ¿Como comenzó el Instituto? Cuéntanos de algunos de sus fundadores.

Taylor: Muchos de los miembros fundadores se conocen desde hace más que diez años y han estado trabajando en los ámbitos de la conservación, las ciencias ambientales, la filosofía y la teología. El Instituto ha sido un sueño durante muchos años. Creo que todos sentimos el Espíritu soplar cuando la encíclica Laudato Si’ se publicó en Pentecostés del año 2015. Pero el momento definitivo vino cuando Monseñor Martínez invitó al profesor Pablo Martínez de Anguita a dar una charla sobre la encíclica en Granada un año y medio después. El Arzobispo, habiendo sido criado en las montañas de Asturias, desea mucho aplicar la enseñanza social y ecológica de la Iglesia en su archidiócesis y en particular en las comunidades rurales. Pareció ser el momento adecuado y el Instituto fue erigido en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, en mayo 13 de 2016.

CE: Recientemente publicaste un libro titulado Hacia una ética ecológica integral: la renovación de la metafísica en el pensamiento de Stratford Caldecott. ¿Cómo ha influenciado Caldecott el Instituto y sus fundadores?

Taylor: El difunto Stratford Caldecott no solo fue un gran amigo de muchos de los miembros fundadores del Instituto sino también un verdadero visionario en la Iglesia, lo cual es evidente en sus libros y artículos. Fue un auténtico sabio cuyos intereses eran tan extensos que podría hablar hábilmente sobre la física cuántica, poesía ecológica, y la eutanasia a la vez. Pero no fue un pensador aislado; perteneció a la Iglesia con todo su corazón y a una comunidad de amigos, muchos de ellos, miembros fundadores del Instituto. El trabajo de Caldecott es una fuente de inspiración constante para el Instituto y lo consideramos como un miembro fundador más. Por eso aparece en la página de los miembros de nuestro sitio web.

Mi libro fue un humilde intento de congregar los elementos de su crítica y su visión ecológica, que fue tan metafísica como práctica. Espero que pueda llamar la atención a su obra, especialmente entre los que trabajan, en cualquier forma, con ámbito rural.

CE: El Instituto ofrece un Certificado On-line en Cristianismo y Ecología Integral. ¿Qué esperas de esta iniciativa, tanto para los que van a hacer el certificado como los involucrados en el proyecto?

Taylor: El Certificado en Ecología Integral es emocionante porque es la primera vez que algo tan comprensivo se ofrece por una universidad americana. Nuestra alianza con Saint Joseph’s College of Maine ha sido una bendición muy grande. El programa consiste en cinco cursos interdisciplinares que incluye dos semanas presenciales, uno en Maine (el estado más noreste de los EEUU) y uno en Granada. Promete ser una experiencia muy enriquecedora para todos.

Aunque los primeros cristianos sabían intuitivamente lo que significaba ser custodios de la creación, hoy nos enfrentamos a una serie de desafíos únicos y creemos que nosotros como católicos tenemos mucho para ofrecer. La manera de pensar moderna, dualista y tecnocrática tiende a analizar, dividir y segmentar la realidad, muchas veces perdiendo de vista el todo y viendo los retos siempre como si fueran conflictos. Al otro lado, mucho del pensamiento actual sobre el medioambiente tiende a identificar el hombre como el malo de la película. Ambas aproximaciones son muy materialistas y no logran identificar la raíz del problema, que se encuentra en las presuposiciones que tengamos sobre la realidad misma. El hombre y la naturaleza están íntimamente ligados como criaturas del mismo Creador quien es el Amor. Nuestra vocación es la custodia para el bien de todo lo creado. Este certificado será una exploración profunda de estas verdades.

CE: Cuando miras al mundo de hoy, y el movimiento ecológico, ¿cuáles son tus preocupaciones y cuales son tus esperanzas?

Taylor: Desde mi punto de vista, los movimientos ecológicos que existen alrededor el mundo tienen mucho para ofrecer. La tendencia de la sociedad para ver todas las cosas en términos de la economía, de poder y del progreso tecnológico lleva al hombre moderno a olvidar nuestra conexión y dependencia con la naturaleza. El riesgo es olvidar un elemento esencial de nuestra humanidad y una de las claves para la salvación de todo de lo creado: nuestro sentido del asombro. Muchos movimientos ecológicos resaltan estas preocupaciones pero sin una respuesta positiva a las preguntas que estas experiencias causan en nosotros temiendo frustrarse en sus intentos de arreglar lo que son, en realidad, las manifestaciones externas de un problema más profundo.

Caldecott abordó el problema así:

La mayoría de los en el movimiento medioambiental probablemente no ven la relevancia del misticismo, ni virtud personal, ni la ética a los grandes problemas de nuestros días. Para ellos es meramente un reto tecnológico o político. Intentarán tomar control de los mecanismos de poder y estarán cada vez más frustrados al descubrir que todos sus esfuerzos llegan a nada o empeoran las cosas. No quiero decir que la acción política no tiene su lugar, pero que la suposición que estos problemas son, en primer lugar, políticos es un error… La idea que arrojando dinero y poder a los problemas del mundo los va a resolver no toma en cuenta la naturaleza humana. Lleva a la creación de enormes imperios comerciales y políticos que inevitablemente se corrompen…

Creemos que para sanar la raíz de nuestra crisis ecológica debemos mirar no solo a la política ni la técnica si no a la totalidad de lo real y reconsiderar lo que tomamos por lo esencial y fundamental. Mi anhelo es que algunos escucharán al mensaje de la Iglesia cuando diga, “Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza” (LS, 244), la esperanza en nuestro Dios y Creador quien es el Amor y da vida a todas las cosas.

CE: ¿Hay algo más que te gustaría añadir?

Taylor: Me gustaría añadir que es muy importante una adecuada interpretación y educación en la encíclica Laudato Si’ para nuestros días. Muchos hablan sin haberla leído con detenimiento, buscando en ella sólo lo que quieren encontrar en vez de buscar lo que quiere decir el Papa. A algunos les gustaría pensar que se trata solo del cambio climático. A otros les gustaría minimizar su importancia por completo. ¿Quién entre nosotros puede afirmar que comprendemos completamente lo que el Espíritu Santo desea comunicar a la Iglesia y el mundo a través de este documento?

En mi opinión uno de los mejores y más profundos artículos sobre cómo hemos de leer la Laudato Si’ fue escrita por una de nuestros miembros fundadores, Mary Taylor, en la edición del invierno 2015 de la revista Communio de los EEUU (¡Quién, por cierto, es también mi madre!). Puedes encontrar su artículo, “Ecología de rodillas: leyendo Laudato Si’” aquí (inglés).